“La civilización es precisamente el esfuerzo por ir más allá de la propia cultura, lo que hace sentir curiosidad e interés por otras”[4] Con estas palabras espero dejar en claro que la idea que tengamos del otro, de aquí en adelante, sea un poco más “civilizada”. Ojalá que hagamos el esfuerzo de comprender al otro más que describirlo y ficharlo como algo sospechoso, ojalá podamos de verdad convivir con éste de manera armoniosa de manera tal que se valore la calidad de espíritu de las personas por sobre todas las cosas para así, de una vez por todas, evitar tragedias ocurridas como los 11 de septiembre pasados.
Bibliografía
- Colón, Cristóbal. “V cartas a Santángel (1493)” en Cristóbal Colón: Textos y Documentos. - Fallaci, Oriana. “La rabia y el orgullo” en El mundo. Septiembre 2001.
- Savater, Fernando. “La civilización y Lady Mary” en El País. Octubre 2001
jueves, septiembre 15, 2005
Cambio y continuidad en la percepción y descripción del otro
Cuatro años y cuatro días exactamente han pasado desde aquel fatídico ataque contra las torres gemelas y el pentágono. Un hecho que sin duda nos cambio a todos para siempre; nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir, nuestras formas de ver la seguridad de la gente de cualquier país. Sin duda fue un dramático cambio que hasta el día de hoy nos mantiene expectantes en un espectáculo de sangre y lágrimas del que nadie sabe con exactitud su final. También esta es la fecha en que se cumplen otros muchos aniversarios de fechas fatídicas. No podemos dejar de recordar que dentro de lo cotidiano o, mejor dicho, dentro de nuestra historia como país se cumplen treinta y dos años y cuatro días desde aquel once de Septiembre de mil novecientos setenta y tres cuyos hechos creo, no hace falta exponer, no es mi intención. Este hito también fue algo que nos cambió radicalmente, cambió la forma de pensar de un país y se presionó para pensar de otra forma así como también pasó en todos los gobiernos autoritarios de Sur América. Fue tal el impacto de estos hechos, en Estados unidos, que la escritora Oriana Fallaci rompió con un silencioso vivir en el centro de Manhattan para atacar histéricamente con críticas y defensas feroces ante estos atentados, como bien retrataba las palabras de la escritora el profesor Fernando Savater de la Universidad Complutense en Octubre del mismo año. Quiero que pongamos atención un poco a la percepción que Oriana tiene con respecto a lo dicho y en esto fue categórica: “No entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión”[1]. El golpe dado por los terroristas comandados por Osama Bin Laden le dio duro a la emotividad casi patriótica que esta italiana sentía por EE.UU. y su percepción con respeto a los seguidores del Islam cambió o más bien, empeoró.
Como pude apreciar la descripción de ese otro fue modificada a tal punto que convirtió a éste en el blanco de sus ataques y, con el correr del tiempo desde ese entonces hasta la fecha, poco a poco la mentalidad del mundo entero ha ido cambiando al respecto junto con el de Oriana. Aquí quiero detenerme algunas líneas para analizar este cambio para mal que se ha producido hacia el otro que, en este caso, es el Islam.
Hace algunas semanas escribí algo que tiene que ver un poco con esto y en aquellos escritos me preguntaba qué era la civilización y qué era la barbarie, quién era el civilizado y quién el salvaje. Éramos acaso los occidentales los civilizados y las tribus africanas los salvajes y en ese caso porqué, porque comemos hamburguesas, porque vemos televisión, porque vivimos en democracias que poco y nada consideran a la gente que gobiernan o siendo un poco menos rígido en mi crítica, en democracias que aún no están lo suficientemente maduras como para sobrellevar la gran demanda de necesidades básicas que el pueblo a los cuales gobiernan les pide. O porque gozamos de muchas libertades que algunas tribus africanas o que algunas religiones del oriente impiden. No, son diferentes parámetros, diferentes paradigmas del cómo vivir, diferentes del todo. No hay posibilidad de comparación si tomamos en cuenta que ese otro es absolutamente diferente a nosotros porque simplemente no existe la intención de no serlo. Entonces con qué nos podemos encontrar. Con miles de diferencias que sin tener el más mínimo grado de analista, podemos hallar; diferentes credos, diferentes costumbres, formas de vestir, de comer, de bailar, hasta de vivir el amor. Debemos recordarles a todos aquellos que superiores se sienten ante las demás culturas que, en un comienzo fuimos nosotros el otro, el que era descrito, el que era motivo de burlas, de observaciones, de absurdas comparaciones. Ya desde que Colón escribió sus primeras impresiones acerca del continente americano podemos ver cómo los habitantes de este nuevo mundo eran descritos: “ La gente d´esta isla y de todas las otras que he fallado y havido ni aya havido noticia, andan desnudos, hombres y mugeres, así como sus madres los paren...Ellos no tienen fierro ni azero ni armas, ni son para ello...No tienen armas salvo las armas de las cañas cuando están con la simiente...mas son temerosos sin remedio...”[2]. Si bien esta era la manera de describir al otro en aquel entonces, eran los patrones casi del cómo hacerlo, viendo si portaban armas, si tenían gobiernos, cómo vestían, de qué se alimentaban, etc. y era este patrón tal vez algo erróneo sabiendo hoy en día que, como ya dije un poco más arriba, era una cultura absolutamente diferente de la cual no se podía hacer análisis comparativo pues, sin duda, el etnocentrismo iba a salir a flote comparando las mejores cosas que tiene una “civilización” en desmedro de lo que el otro no posee.
La fascinación que existe por este otro guarda, desde siempre, una segunda intención y es la del cuidado, es una extraña atracción por algo que no conocemos y de lo cual sabemos que podemos aprender pero manteniendo siempre ese prejuicio, tratando de no generar un repentino quiebre en lo que conocemos y lo cual estamos seguros de que es como debe ser, no sé si me explico. Es tratar de cruzar un río desconocido pero siempre tratando de mojarnos lo menos posible y ni hablar de ahogarnos en él.
El cambio y la continuidad en la percepción y descripción del otro se mantiene y se ha mantenido bajo los parámetros de la adoración y la abominación. Y claro hoy por hoy admiramos las artes milenarias del oriente, sus costumbres su forma pasiva de vivir pero sin duda abominamos los secretos que ellos guardan. Incluso en Chile, poniendo un ejemplo más práxico por decirlo de algún modo, poco a poco se ha ido introduciendo el suchi, pero para ello tuvimos que agregarle palta para que pudiéramos asimilarlo de mejor manera. Esta percepción y descripción del otro ha sufrido cambios tajantes durante la historia de la humanidad pero, a mi juicio, siempre se ha mantenido bajo el modelo de la adoración y la abominación.
Volviendo un poco al caso con el que inicie estas frases puedo agregar que lo que Oriana Fallaci hace en su texto es construir, delimitar una frontera con la cual puede identificar a otro y adopta una actitud en función de los hechos acaecidos en su país de residencia, en función de los actos de este otro el cual viola la integridad física, moral y espiitual de Estados Unidos, así como también lo ha hecho éste en reiteradas ocasiones para con el “otro”. Puedo suponer que es una relación de causa y efecto, no una guerra de religiones como Oriana lo describió y concuerdo con el profesor de filosofía Fernando Savater cuando dice: “ ...Porque tampoco se trata de una pugna entre religiones, como parece creer a ratos Fallaci....El Islam es una religión compasiva con sus fieles e implacable con los infieles, cosa que no la hace históricamente distinta al judaísmo o al cristianismo...Y aquí, en el terreno de lo político, está el verdadero choque, el auténtico enfrentamiento” [3].
Para esta relación de adoración y abominación puedo rescatar de nuevo un párrafo escrito por Savater acerca de las aventuras de Lady Mary en el que habla del cómo Mary, al volver de un extenso viaje a Inglaterra, intentó introducir un sistema de vacunación antivariólica que aprendió entre los turcos chocando con su civilización y en especial con los médicos conservadores de su época y los clérigos que anatematizaban esos manejos paganos. En aquel tiempo cualquier práctica provenida desde el otro era algo sospechoso, más hoy en día, tal como ocurre aquí en Chile con el suchi, se ha ido aceptando poco a poco el rol de lo exótico. No es difícil, en estas nuevas metrópolis cosmopolitas encontrar diferentes rituales, diferentes y exóticas formas de vestir, de pensar y de vivir. Nadie puede negar que con el tiempo ha habido un cambio en la percepción del otro ya sea por motivos del cambio en la mentalidad del humano, esa nueva “tolerancia” que se da o simplemente por adaptación pero continua, al menos a rango de exótico todo tipo de percepción que para el otro tengamos. Sin embargo, continua la abominación hacia lo que éste otro, recelosamente guarda y no nos ha motrado.
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