
Sin la humilde cordura que poco a poco se aferra al vacío
La conclusión se nos viene a los ojos y a las palabras
Esas que matan el pensamiento
Esas que entorpecen la expresión
Estas que me liberan de sí mismas
Sin darle paso a la alegría
Sin los pensamientos que decantan abominablemente en la calma
Sin el vacío que de la cordura se aferra
Esas que engendran visiones
Esas que tanto expresan nuestra torpeza
Estas que me liberan de sí mismas.
Pero que no son capaces de liberar mis lágrimas
Pues las lágrimas mueren en el pensamiento
Pues no son mi oficio
Pues no quiero que lleguen al pensamiento
Quiero que vivan en mis palabras
Sin la abominable cordura que con tristeza se aferra al humilde vacío.
Sin las palabras, sin las lágrimas, sin la locura, sin el pensamiento…
Sin los ojos que tanto extrañan alguna humedad
Sin el empeño en liberarme, maldita palabra, maldito nombre
Bendito pensamiento
Bendita tristeza