Vivíamos en un primer piso, en el
departamento 12, era el 88, y era un período bastante agitado, balaceras a
diario, peleas monumentales en la población, en las canchas, etc. El hoy Parque
La Bandera era para entonces un terreno baldío, extenso y sin iluminación. Ahí
era donde más se sufría porque en la noche los tipos se arrastraban en la
oscuridad que permitía la falta de iluminación y no se veían, cuando el momento
era oportuno se levantaban y le quitaban todo lo que fuera necesario a la
víctima de turno.
Pero particularmente me acuerdo de un
día, un fin de semana me imagino porque había estado todo el día jugando en la
casa, mi mai y mi taita estaban dentro y mi hermano y yo
jugando en el jardín, a medio hacer por lo demás, así que habían lomitas de
tierra y nosotros dichosos saltábamos y jugábamos ahí. De pronto comenzó una
balacera en las canchas, eran ruidos muy fuertes y se armó una conmoción
inmensa de gente corriendo para todos lados, gritando, hubo otro que se lo
llevaban en andas hacia la población, la pierna toda ensangrentada. En ese
momento me acordé de un amigo que en una tarde de verano me contaba que podía
apagar el sol…
-
¿cómo
eso de apagar el sol?
-
Apagarlo
po, que desaparezca, lo único que
tienes que hacer es concentrarte mucho y encontrar los botones, después lo
miras, presionas el botón y se va a
apagar
-
A
ver, dale, hazlo, muéstrame
-
Bueno.
En eso que está concentrado se empezó
a nublar y estaba atardeciendo así que se oscureció un poco, para mí fue algo
revelador. Así que me acordé también que la noche era un poco más tranquila,
que era durante las noches que mi papá y mi mamá sonreían más, que se juntaban
con amigos tomaban y se reían. Y eso era lo que quería, tranquilidad y
sonrisas. Pero el ambiente no daba para eso….
-
¿Y
si me concentro hermano, se apagará el Sol?
-
No
sé hermanito, pero aprovechemos de jugar
-
¿de
jugar?
-
Si
po, tomemos esos palos y aprovechemos los sonidos de las balas para jugar.
Eso
hicimos, mi hermano encontró la forma de devolverme la sonrisa. A pesar de ser
un juego bélico. Teníamos todo dispuesto, ese jardín era inmenso, para nuestra
baja estatura claro, así que nos tiramos a suelo y les apuntábamos entremedio
de las lomas de tierra del jardín a medio hacer. Luego llegaría el Pato y la
Fabi a entrarnos.