
Este es el intento de encrucijar un dilema ya resuelto. Cuál es la misión, dar mi punto de vista al respecto. No es un tema nuevo, tampoco por ello menos interesante y del cual me pueda jactar a posteriori de haber hablado algo sin precedentes. Más, pienso que la significancía de las letras, que están ya conociendo, radica en que las escribo pensando en que de una forma u otra encontraré el sentido del porqué la historia no puede ser objetiva pero, más que eso, por qué el humano no puede hacer relatos con la suficiente objetividad para que carezca de mentira.
Partamos por remontarnos al 1898- 99 cuando el ilustre escritor Polaco Joseph Conrad escribió su legendario Corazón de las tinieblas nueve años después de su encuentro con la negra selva africana del Congo. En este relato, para quienes lo leyeron, claramente podemos divisar un contexto histórico innegable donde el ensueño y la experiencia de Joseph hacen que nos remontemos al Congo Belga o, más bien, al Congo de Leopoldo II, un tirano sin igual que se dedicaba a explotar al hombre africano en pos de su propio beneficio. Ni siquiera buscando un reconocimiento honorífico, ahincó sus obsesiones en la riqueza y el prestigio del status por sobre los derechos de las tribus africanas a desarrollar sus culturas.
Cuenta la historia que, dentro de todas las barbaridades que se cometieron bajo su mandato una de ellas era que los jefes de las compañías caucheras para no recibir castigo por sus bajas en la explotación del material, hacían cortar las manos o los pies a los obreros que, a esas alturas ya se llamaban esclavos, para así justificar su trabajo como entes que vigilaban constantemente la pereza de los aborígenes y así daban lo que tenían en kilos de caucho más las “monedas” con las que pagaban por lo que faltaba. Pero esto dejémoslo para criticarlo en otro momento. Lo que a nosotros nos interesa dentro de esta historia es el cómo estando en año 2005 podemos conocer aquel entonces pero, por sobe todo, es el cómo lo estamos conociendo.
La literatura cumple un papel fundamental en la construcción pasado. Ya desde que Colón empezó a enviar a la corte sus primeras impresiones acerca de la tierra que estaba pisando y observando podemos retratarnos en ella y justamente ahí también un buen ejemplo de lo que queremos encontrar. Colón en sus cartas y documentos comentaba acerca de extraños seres con cola algunos entre otros muchos especimenes que, en la práctica, muy posible era que no existieran. Sin embargo, para esa época eran retratos prácticamente de la barbarie por la que tenía que atravesar para encontrar las añoradas riquezas del nuevo mundo que estaba conociendo. Los monstruos eran de uso popular y era tan normal que se hablara de ello como hoy por hoy lo hacemos con los extraterrestres. Y claro, en los relatos de Cristophoro Colombo no podemos encontrar una objetividad en la que fehacientemente podamos creer e imaginarnos lo que él veía sin mayores complicaciones.
En lo que respecta a Joseph Conrad y El corazón de las tinieblas, como dijo en 1989 Mario Vargas Llosa, es un relato eminentemente humano, intrínsecamente crítico hacia lo que el mismo hombre era capaz de hacer para con sus congéneres. Y sea este relato una ficción o una realidad, en un imaginario colectivo podemos reencontrarnos con nuestros hermanos Africanos y sufrir con ellos la explotación del hombre por el hombre en viva carne aunque sea, como digo, sólo en la imaginación. Marlow, protagonista de esta travesía por el Támesis lo decía: “…No, es imposible; es imposible comunicar la sensación vital de ciertas épocas de nuestra existencia, lo que es su verdad, su sentido, su esencia sutil y penetrante. Vivimos como soñamos, solos…”[1]. Es por esto que el relato histórico apela a la imaginación del historiador, de esta forma es como el historiador puede comunicar algún conocimiento sobre el pasado e imprimirlo de forma tal que, de un modo u otro, impregne la pasión con la que acaecieron los hechos.
Por otro lado podemos hablar del interés de la novela en hacer historia. Y la verdad es que, para ésta, la historia no es su prioridad. El en sueño de la literatura tiene otros referentes, otros intereses pero claro, están escritos en un momento dado de la historia donde quiéranlo o no, están inmersos los escritores de esa época y, muchas veces, sirven para retratar o al menos esbozar un momento histórico dado en donde la trama del drama, cuento, etc. se desarrolla. Son esos pequeños detalles por donde el historiador se abastece de material para estructurar una época o un hecho ya pasado. Asumiendo, claro, a la literatura como una fuente histórica.
Con esto me refiero a que la literatura y la Historia: “Son sistemas opuestos de aproximación a lo real”[2] y claro, como ya lo dije, mientras la historia trata de someterse voluntariamente a la objetividad, la literatura, sin la más mínima intención a veces sirve de fuente para conocer aquel remoto espacio-tiempo.
Hoy en día tenemos la posibilidad inigualable de informarnos por medio de un noticiero televisivo e, independientemente de que las cadenas sean parciales o no, podemos ver las imágenes de lo que en realidad ocurre. Es decir, las imágenes a las que podemos acceder hoy en día, nos dejan una mejor fotografía por así decirlo del hecho que este ocurriendo. Es casi como si nuestra imaginación, por un instante, no la necesitásemos pues está todo donde nuestros ojos tienen alcance e incluso más de lo que un testigo presencial del hecho pueda tener. Por lo demás el recuerdo nos quedará con una imagen clara y no tan ambigua como lo que la imaginación nos pueda proyectar como recuerdo. Por ejemplo, hagan este ejercicio: Traten de recordar el incidente de las torres gemelas, el pasado 11 de Septiembre del 2001 pero sólo leyendo lo que en lo diarios decía, traten de no imaginarse o recordar lo que vieron en televisión.
Vargas Llosa citó a Ramón María del Valle – Inclán (1869-1936) cuando al respecto dice: “Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos”[3]. Es tan acertado el efecto de las imágenes que el pasado pareciera estar en el hoy además de hacernos parecer testigos oculares de cada evento que ante nuestros ojos pasan cuando miramos la tras pantalla.
Lo que en la literatura encontramos que puede llagar a ser mentira, no es más que la propia verdad del escritor, la verdad del ensueño. Nuestra historia, por tanto, es simplemente una ficción de la realidad, pero una ficción que nos ayuda a reconstruir un pasado, que nos ayuda a encontrar las raíces de la humanidad en el tiempo, ficción que nos ayuda muchas veces a aceptar nuestro pasado, tal como lo hizo Marlow con la enamorada de Kurtz, para quienes leyeron la novela de Joseph Conrad, quien le inventó una realidad, del cómo había muerto su amado y de cuáles habían sido sus últimas palabras en su lecho de muerte. A nadie, creo, le gustaría saber que las últimas palabras de la persona que amamos fueron “Horror, el Horror”. “Pero fue, sobre todo, la aceptación de que hay verdades tan intolerables en la vida que justifican las mentiras. Es decir, las ficciones…es decir, la literatura.”[4].
La objetividad de un relato pasa por el filtro de la subjetividad del hombre. Y somos nosotros, los hombres de esta tierra, los que gozamos del privilegio de reconstruirnos esta infinidad de historias que, gracias a esa ficción, a ese ensueño, podemos empatizar con los otros y, mucho más importante que eso, podemos comprender al “Otro”.
En el documento de Luís Eugenio Silva: Al comienzo está el Padre; al final, el Señor podemos revisar la preocupación que el catolicismo tiene por este relato, por ser dueña del tiempo y tratar, en cierta forma, de que todos oigan la historia que la religión en general tiene que contar: “….Cuando se revisa el esplendido pensamiento griego, en cambio, se cae en la cuenta de que no tuvieron una idea de creación, ni Platón, ni Aristóteles ni ninguno de sus antecesores”[5]. Esto da cuenta también que no sólo en la religión, pero en el humano en sí que es intrínseco él y a todo tipo de ideología, dejar retazos de su historia para que en un futuro indeterminado, sea contado, relatado y, dentro de lo posible retratado. Lamentablemente es imposible traspasar la sensación vital de una época a otra, como bien dijo Charlie Marlow.
Con lo anterior expuesto y en vista de lo revisado en los documentos y en fin, del sentido común, podemos decir que la objetividad n la historia es prácticamente imposible. Lo bueno, por otro lado, es que la mentira dentro de ella, la hace más entretenida por decirlo de algún modo.
Bibliografía
1-Conrad, Joseph. El Corazón de las Tinieblas
2-Vargas Llosa, Mario, La verdad de las Mentiras, Alfaguara, 2002
3-Silva, Luís Eugenio, “Al comienzo está el padre; al final, el Señor”, en Revista Universitaria Nº 85 universidad Catolica de chile
Recurso audiovisual
Ford Coppola, Francis “Apocalypse now”. 1979
Ford Coppola, Francis “Apocalypse now”. 1979
4 comentarios:
excelente ensayo. Comparto tu refelxión final.
Abrazos.
ok... me demoré un poco en leer. sorry. weno si totalemente de acuerdo. a veces pienso que piensas por mi... alcanzé a tener una gran discusion con una amiga sobre todo esto de la verdad, lo que se cree y lo que no... Y la verdad es que igual creo decir la verdad pero parece que no, que mi verdad no tiene nada que ver con la verdad.
ap y no caché lo de matrix.....
larguito ah?
"nos hacen remontarnos "
cambia eso, esmuy flaiter, jejeje...
weno el ensayo, habla de algun temita po, tenis que escribir mas... se te estan acumulando las ideas y estas revolviendolas con otras, no erradamente, sino medio desordenado. En todo caso, asi son los ensayos.
cuidese compadre, visita mi blog...
estoy en stgo.
te gano en visitas, waja...
nos leemos
mu weno el ensayo, me gustó... largo eso si! pero = entrete de leer!!
los demás los leere en su debido tiempo XD
esop... besitos
ah... creo que leere el libro "el corazón de las tinieblas" ;)
cuidate....
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