Me das la bienvenida cual honorable invitado de piedra fuera.
Me das espacios y silencios para hablar y hablar sin decoro
como si por oídos tuvieras una sobrecogedora tolerancia
No me hablas sin embargo.
No sé qué es lo que quieres, ni lo que quisiste, ni lo que querrás.
Sencillamente te entregas con inigualable prestanza a más temidos deseos, a mis más ambiciosos sueños
No temo conocerte aún así no lo hago…no logro comprenderlo, no descifro que es lo que hay en tu mirada, pálida, inexpresiva.
No escucho ni he sentido lágrima alguna emerger de tus fibras, de ese delicado y delgado cuerpo que dices adjudicarte. Pero tampoco risas, ni sueño, ni entusiasmo. Es como si fuera mi responsabilidad crearte y recrearte estados anímicos.
Con razón sincronizamos tanto al respecto. Por ello compartes mis lágrimas y te mojas con ellas para poder comprenderlas, por eso dices cosas tan joviales cuando ves sonrisas en mis labios.
No sé hasta cuando ni donde debo depender de ti si lo único que haces es ser parte de mi mismo, por ello no sé si amarte, no sé si odiarte, y es que no creo ser capaz de amarme, aunque si me he odiado.
No malgasto más tu tiempo, no te ensucio más, por ahora, Hoja querida
No hay comentarios.:
Publicar un comentario