jueves, diciembre 01, 2005

Debería tener título..pero no.


Tenía ganas de caminar así que, caminé. No, no me sació pero era algo que necesitaba. Más que una amada, mucho más que un cigarro aunque obviamente lo fumé en el transcurso de la caminata.

Má salgo- et où vas tu?- No sé, por ahí- Ok mon tresor mais que ne sois pas trop long-.(ok tesoro pero que no sea tan largo)

Le gustaba practicar ese francés con acento latino que obtuvo después de dos años y medio en los que vivimos fuera del país.

La “maison royale” creo que llamaba esa casa que albergaba a más de trescientos, creo, inmigrantes que soñaban con una vida mejor en el extranjero. Claro, eso era hasta que el gobierno los echaba por no servir en lo más mínimo al sistema capitalista que se aplicaba en Canadá. Después de eso volvían al país natal con la mejor de las vergüenzas; sofá nuevo, equipos de música, televisores... para no mostrar, de esa forma, que el viaje fue una perdida de tiempo.

Creía hasta cierto punto en que nadie me interrumpiría en ese viaje catártico que intentaría provocar moviendo mis músculos, pero claro, nunca falta ese maldito gen que me metieron, la sociabilidad

- Hola vecino ¿cómo le baila?- Como si la vida fuese una pista en la que todos derrochan la energía riendo y moviendo bien las caderas para comerse el preciado pan – Bien, bien¿ y a ti?- Me cuesta bastante decir las cosas a la cara - `Uta aquí tamo dándole duro al trabajito que me conseguí - . Se llamaba Manuel, vivía su segunda década, era hijo de un pintor que rara vez me hablaba, al menos sobrio. Manuel trabajaba en la casa de un gerente de ventas de drogas nuevo en el barrio, estudiaba lo que a cualquier joven vago le gustaría estudiar, nada – ¿Pa`onde vay?.- por aquí no más, a trabajar-. – Wuena y ¿de cuándo trabajai vo?- A pesar de ser como era, el orgullo siempre lo tuvo bien inculcado- desde siempre creo- y...¿ qué hací?- intento pensar- Jocoso me miró y a pesar de su clara expresión de “pobre hueón” me dignifiqué y proseguí la marcha.

Llevaba más de siete cuadras y aún no podía figurarme ni la más nimia idea. Era ya el segundo cigarro y la cajetilla lloraba por su destino inexorable. La arrugué y me dirigí al bazar “Tío Mario” nombre adjudicado por el muy famoso y reconocido “Tío Mario” quien era el dueño de ese Bazar-bar. Qué ingenioso ¿no?. Boté la ya alharaca cajetilla y con los pesos que usualmente no tengo, compré otra. - Don Mario cómo anda-Très, très bien mi jo`en- Siempre se burló de mi pasado extranjerizo-¿ qué se va a servirse jo`en hereje?- Creía también que por no ser un buen cliente etílico, iba yo en contra de su religión, su mini-bar.- La carta porfavor- seguro pue. –uno de los de siempre si il vous plais-.- Cómo no pue` mon jo`en-.- Ya pues, sería todo-.- Cómo eso, haber cuénteme po, de cuándo tan tímido. ¿Cómo le ha ido en la escuela?.- Ah, bien, bien, hace algunos días me saqué buena nota en “diseño mental”-. Así le llamábamos a filosofía pues el profesor de turno era algo fino con su rigidez. Me refiero a que no toleraba pero alguno y eso que estábamos en una escuela humanista que tenía ciega fé en que Dios existía y que la honraríamos siendo la nueva y dorada generación de escritores católicos.

Me estaba despidiendo cuando apareció en escena Romina, la hija del “Tío Mario”. Dieciocho años, estudiante de arquitectura en la Universidad de Chile. Pequeña, ligera, ojos cafés como los de un perro, inmensamente profundos, eran casi inconcebibles. En su pequeña boca tenía unos labios voluptuosos, dientes pulcros, blancos como un calcetín recién comprado en patronato, ceñida cintura, cabellos castaños que caían como todas las miradas que cerca de ella pasaban, a lo largo de su tenue espalda y hasta pasar más allá del umbral de su cintura. Era una delicia tanto física como mentalmente, nadie podía negarlo, excepto su padre, claro. Era demasiado pecado junto como no haber sido encerrado junto al Diablo por el sólo hecho de admirarla.

-¡Hola, tanto tiempo! -. Su voz provocó el profundo y ya rutinal escalofrío que, como siempre, me dejaba espeso e insonoro. Como pude vociferé ciertas inentendibles vocales que sin predeterminación alguna escapaban de mi boca como si recompensa buscasen.­-Ho...hola Romina-. El senil centinela, su padre, me miró con cara de ardilla preñada y se la devolví con cara de recién meado, estaba demasiado ruborizado. No é si de vergüenza o porque en realidad me estaba meando. Sonreí media vuelta y...-Chao Romina, cuídate harto- Tío Mario también se despidió, muy amablemente por lo demás, pero no sé si fue el susto o los pantalones pero no me sentí bien como volverme y contestarle el saludo. Bueno que con la confianza que le tengo al vejete de seguro me mandaba una botella en la cabeza.

Caminé hasta un poste cercano, como a dos cuadras de ahí. Bueno, pensé que era cercano. Me senté sobre la siempre tibia y agradable cuneta veraniega mientras me preguntaba en soliloquio el cómo avanzar tanto y derrochar tanto sin tener un objetivo claro o sea, ser existencialista está bien pero, al menos ellos tienen un objetivo súper claro que es aprovechar al máximo su día mas a mi Madre, desde un principio le respondí.-No sé, por ahí- Y, justamente ahí radicaba mi problema. Ahondé severos minutos en eso y en ello junto a mí se sentó un perro. Un perro canoso, escuálido y con un tono desairado en su mirada.-¿Qué pasa perro acaso vez tu pasado más optimista que tu futuro?.- No me respondió, obviamente pero, sin embargo, se acomodó, se acostó y comenzó a lamerse sus heridas, se lamió como si limpiase con ello su propia vida, se limpió con una lengua descuidada, delgadísima y pálida. Pálida como la propia muerte, como el hambre que lo convirtió en su mejor amigo. De súbito se paró y se sacudió. El peso del mundo entero volaba con esa sacudida, se sacudió almas, peleas, hijos, piedras, noches, días, inviernos, veranos,y cuando no hubo más de todo este polvo con olor arcaico, miró al mundo con otros ojos, con un aire más ligero, aún cuando sabía que sería más hostil para él, con hambre más severa, miro a su chacal con decepción, miró su rumbo y caminó. Caminó tal como lo hacía yo antes de su encuentro, tal como lo hizo él mismo al comprender y aceptar su vida. Las calles no tenían relevancia, tal como ni la angustura ni largo de las cuadras. Se dedicaba sólo a olfatear postes para encontrar un pedazo de mundo virgen el cual poder conquistar pero no, ya no lo habían. Comenzó a correr, no por miedo, ni mucho menos por valentía, decepcionado tampoco estaba, conocía bien el entorno en el que vivía y, de seguro, sabía que sus pasos tenían grave experiencia, sabía que alguien, de algún modo los seguiría para poder llegar aún más lejos que él. Sabía que su insignificante existencia era necesaria para la condenada cadena evolutiva o involutiva, poco importaba y, sin él, esta ella se pudriría y algún día se cortaría, tal como las manos cesantes y ensangrentadas de nuestros padres. Tan seguro estaba, tan dignos eran sus pasos o, tan dignos de vida eran ellos que se recostó nuevamente para así, morir.

Al ver tan despreciablemente maravilloso acto, me levanté, puse mi temblorosa y angustiada mano dentro de mi bolsillo, saqué un cigarro y los fósforos. Lo prendí y marché hacia lo que consideré digno de seguir, en pos de un objetivo digno de alcanzar.

Caminé esas dos cuadras las que, al finalizar, me provocaron el profundo y ya rutinal escalofrío que, como siempre, me dejaban espeso e insonoro. Como pude vociferé ciertas inentendibles vocales que sin predeterminación alguna escapaban de mi boca como si recompensa buscasen.-Don Mario hola!, aquí me tiene de vuelta-.- Así veo pue` mon jo`en hereje. Y cuéntame, en qué te sirvo ahora-.-Su hija, Romina...-. Su cara se torno púrpura o algo así, como si el príncipe azul de su muy exquisita y, por supuesto, queridísima, por todos, hija estuviera predeterminado por su criterio y cordura. Criterio y cordura que, por lo demás, se encargaba firmemente de robarle hasta el último céntimo a los desesperados borrachines del barrio.- Si, mi hija bien gracias-.- jeje- Pude responder.- ¿qué, quieres que la llame?-.-Si no tanta la molestia, claro-.Si no es tanta la molestia, a mí no más se me ocurre decirle eso. Mirándole la cara de seguro me mandaba otra botella en la cabeza.- Ja ja, jamás me molestaría que un homo-franchute-chilensis como tu la pase a buscar, pero sí y sólo sí es por puro ocio acaso tení` el kino acumula`o-.-No, no, es tal cual como usted lo dice Don Mario, de puro ocio-.- Ya`ta `perameun poco entonces pero cuidame el boliche mientras-.

Entre tanto esperaba en la caja del “bazar-bar”, una vieja iracunda entró de golpe al lugar, quejándose de un perro muerto a los pies de su casa y quejábase a gritos de que esa muerte era gracias a mí, a mi suerte y mi desdén. Decía con certeza de sus labios que no llegaría nunca, a ningún lugar si no respondía por los actos casi vandálicos que provocaba con mi manera de tomar en serio las cosas. A pesar de su claridad, el cinismo que usualmente corroe a la gente, lo hizo conmigo.- No logro entenderle dama- Y claro, cómo vas a entender si tan ligero y orgulloso caminas por las calles y ni siquiera sabes si tu paso consecuente va a pisar la tierra- Se fue

- ¡Hola, volviste! Que bueno, justo quería conversar contigo-. Su voz provocó el profundo y ya rutinal escalofrío que, como siempre, me dejaba espeso e insonoro. Quedé ensimismado de súbito y pensaba en lo cruel que era ella al mostrarse con tanta soltura en sus palabras siendo que a mi me costaba de sobremanera tan solo pensar en mirarla. Este hecho que pensé fue corto, al parecer causó bastante gracia entre el público asistente y cómo lo supe, no fue difícil, Don Mario estaba morado de tanta risa.- despégate ,parecí perro saciado jajaja, si querí` te echo una olla de agua encima pa` que despavilí`-. Con el cinismo característico de un ser humano, reí. Un tanto rojo le dije a Romina de partir de aí con una seña de ojos y salí lo más rápido que pude.

post scriptum: Este lo escribí con 16 o 17 años, fue en junio,julio y agosto del 2002 si no mal lo recuerdo

1 comentario:

Javi! dijo...

pablito que lindo escribes!

lo unico es que es la maison internationale... y eso.

besos